martes, 24 de marzo de 2026

Entrevista a Miguel Ángel Maya: “La teoría solo sirve si el alumno sabe aplicarla en el jardín”
















Los certificados de profesionalidad de la familia agraria forman a los futuros profesionales del sector de la jardinería. Para conocer mejor cómo se diseñan los materiales que se utilizan en el aula, hablamos con Miguel Ángel Maya, autor de varios manuales de Certia Editorial y profesional con más de 35 años de experiencia en el sector.

¿Cómo empezó tu relación con la formación agraria?

Me defino, ante todo, como un profesional de la jardinería que descubrió su vocación docente a través de la práctica diaria.

Mi relación con este mundo empezó como alumno-trabajador en una escuela taller entre 1988 y 1991. Esa experiencia práctica me llevó a titularme como Técnico en Jardinería y Restauración Medioambiental y, más adelante, a dirigir durante 18 años una empresa de jardinería con cerca de 50 personas a mi cargo.

Fue la necesidad de formar a mis propios equipos lo que me llevó de forma natural hacia la docencia y la formación para el empleo.

¿Qué te llevó a crear contenidos para certificados de profesionalidad?

Tras muchos años trabajando en el sector, me di cuenta de que existía una brecha entre la teoría académica y las competencias reales que exige el mercado.

Los alumnos necesitaban materiales alineados con los Reales Decretos de los certificados, pero escritos con un lenguaje técnico que fuera útil en el jardín.
Porque representan dos niveles fundamentales del sector.

El certificado AGAO0108 es la puerta de entrada para quienes empiezan en la jardinería, donde se aprenden las operaciones básicas de mantenimiento de zonas verdes y viveros.

En cambio, el certificado AGAO0308, de nivel 3, aborda aspectos más avanzados como la programación del mantenimiento, la restauración del paisaje o la organización de trabajos.

De alguna forma, cubren todo el recorrido profesional: desde quien empieza hasta quien 
gestiona.

¿Qué diferencia pedagógica hay entre un certificado básico y uno de nivel avanzado?

La diferencia está en el grado de autonomía.

En el nivel básico el alumno aprende a ejecutar tareas concretas: realizar una siembra, limpiar una zona verde o aplicar tratamientos bajo supervisión.

En el nivel 3 el objetivo es que el alumno sea capaz de interpretar planos, programar trabajos y gestionar equipos y maquinaria.
Pasamos de la ejecución a la planificación.

¿Cómo abordas la creación de un certificado de profesionalidad?

Mi punto de partida siempre es el currículo oficial del SEPE.

Desgloso las capacidades y criterios de evaluación de cada unidad formativa y, a partir de 
ahí, incorporo mi experiencia profesional para incluir ejemplos reales.

No escribo sobre lo que dice un libro, sino sobre lo que he visto en más de 35 años de 
profesión.


¿Cómo consigues que los manuales conecten con la práctica real?

Cada bloque teórico debe desembocar en una aplicación práctica.

Por ejemplo, si hablamos de la biología de una plaga, inmediatamente explicamos cómo 
realizar su monitoreo o cómo interpretar la etiqueta de un producto fitosanitario.

La teoría sólo sirve si el alumno sabe aplicarla para resolver un problema real.

¿Cuál es el error más frecuente en la enseñanza de jardinería?

El exceso de teoría que no se traslada a la práctica en el jardín.

Para corregirlo es necesario trabajar con supuestos reales, cálculos técnicos de campo y 
material visual que ayude al alumno a ganar autonomía.

¿Qué consejo darías a alguien que quiere escribir su primer manual formativo?

No escribir un libro, sino una herramienta de trabajo.

Hay que partir de las tareas reales del día a día y explicarlas con claridad, apoyándose en 
recursos visuales y en una estructura que permita al alumno resolver problemas reales de forma autónoma. 

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